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Santuario de Nuestra Señora de Peneda

Hay lugares que parecen haber sido diseñados para sorprender a quienes llegan a ellos. El Santuario de Nossa Senhora da Peneda es uno de ellos. La estrecha carretera se adentra en el valle, curva tras curva, entre acantilados y laderas escarpadas. Durante unos kilómetros, parece que siempre se va “hacia el fondo”. Y eso es exactamente lo que ocurre: de repente, el valle se abre y aparece el santuario, incrustado en la roca, con la cascada cayendo desde arriba y la escalinata descendiendo hacia la plaza.

Es difícil permanecer indiferente. Incluso para los no creyentes, la primera reacción es casi siempre la misma: el silencio.

Un santuario escondido en el corazón de las montañas

El Santuario de Peneda está en pleno Sierra de Peneda, en la parroquia de Gavieira, entre Soajo y Castro Laboreiro.

El conjunto es impresionante:

  • la iglesia se alza en la ladera, “pegada” a la roca;
  • Delante se abre un gran patio flanqueado por una antigua ala del albergue de peregrinos (hoy convertida en alojamiento);
  • Al otro lado, la escalera monumental, de unos 300 metros de longitud, se eleva en niveles, flanqueada por capillas con escenas de la vida de Cristo;
  • En lo alto, el gran peñón de granito - Penedo da Meadinha - lo domina todo, con el agua fluyendo ladera abajo, formando el Cascada de Peneda, Tiene unos 30 metros de altura.

Todo ello en un rincón del valle, rodeado por todas partes de montañas. Es como si el santuario hubiera buscado su propio refugio en medio de las montañas.

La cascada que pasa “por dentro” del santuario

Una de las imágenes más fuertes del lugar es la relación directa entre el santuario y el agua.

El arroyo desciende desde la laguna de arriba, se precipita en la cascada y, en lugar de alejarse del santuario, se adentra en su vida cotidiana: pasa por detrás de los antiguos dormitorios, cruza por debajo de la plaza y continúa hasta unirse con el río Peneda.

Es un simple tecnicismo, pero dice mucho del lugar: aquí, la naturaleza y la devoción no están una al lado de la otra, sino entrelazadas. El sonido del agua forma parte de la experiencia tanto como el sonido de la campana o las letanías.

Para los visitantes, la cascada es también un hito visual. Desde lejos, se ve una línea blanca que atraviesa la roca. De cerca, se siente la fuerza del agua, el eco, el frescor. Por regla general, no es un lugar para darse un gran baño; es más bien un escenario para contemplar, fotografiar y, sobre todo, escuchar.

Un camino que sube lentamente

Al llegar a la plaza principal, la mirada se dirige inevitablemente hacia la escalinata. Cada rellano tiene su ritmo, sus capillas, sus bancos. No es una subida agresiva, pero llama a la calma.

Subir las escaleras es una experiencia en sí misma:

  • Quienes peregrinan lo viven como un viaje simbólico, etapa a etapa;
  • Quienes acuden en modo visitante lo experimentan como un mirador progresivo: en cada nivel, la perspectiva sobre el santuario, el valle y la cascada cambia ligeramente.

No es necesario subir hasta arriba para disfrutar del lugar, pero merece la pena, incluso si se hacen largas pausas. En la cima, la vista es gratificante: el santuario desde arriba, el valle que se extiende, las montañas al fondo.

Peregrinación y silencio: dos veces en el mismo santuario

La primera semana de septiembre, el Santuario de Peneda se llena de gente. A peregrinación anual, una de las más importantes de la región del Alto Minho, trae peregrinos, promesas, música, procesiones, vendedores ambulantes, tertulias y largas noches.

Es el santuario en modo fiesta:

  • grupos que llegan a pie,
  • familias que han ido allí “desde siempre”,
  • masas llenas, carrozas, bandas, fuegos artificiales, olor a carne ahumada y caldo verde.

Para quienes quieran sentir el pulso popular y religioso del lugar, ésta es la hora adecuada. No es la hora más tranquila, ni la más adecuada para la contemplación solitaria, pero es cuando se puede ver el Peneda como centro vivo de una tradición milenaria.

El resto del año, el paisaje cambia por completo. El santuario vuelve a estar apartado, con pocos visitantes a la vez, mucho silencio y el sonido del agua dominando. Es la época ideal para los que buscan:

  • paseo por el santuario y el pueblo,
  • sentado en la plaza, sin prisa,
  • entran en la iglesia en silencio,
  • deja que tu mirada descienda por la ladera y sobrevuele la cascada.

Básicamente, son dos santuarios en uno: la peregrinación y la serenidad. Ambos verdaderos.

El pueblo y las carreteras que lo rodean

El santuario no está aislado en el vacío. A su alrededor, los pequeños pueblo de Peneda, con casas de granito, viejas carreteras y una vida cotidiana marcada por el ritmo de las montañas.recantoseencantosdeportugal.blogs.sapo.pt+1

Desde aquí hay senderos a Praderas de gran altitud, miradores y senderos de montaña. Puedes:

  • dar pequeños paseos por el valle,
  • subir por los viejos senderos de los pastores,
  • explorar el bosque de Peneda y sus alrededores de granito,
  • vincular esta visita a programas más amplios en el Parque Nacional (Soajo, Castro Laboreiro, etc.).

Los que duermen en Peneda (en el antiguo complejo de alojamiento de peregrinos o en alojamientos locales cercanos) tienen la oportunidad de ver el santuario bajo una luz diferente: el amanecer golpeando la fachada, el atardecer dorando el acantilado, la noche cayendo con el sonido del agua como banda sonora.

Una experiencia para diferentes perfiles

El Santuario de Peneda funciona bien para varios tipos de visitantes:

  • Peregrinos y devotos - que encuentran aquí uno de los grandes santuarios marianos del norte de Portugal, con misas, peregrinaciones, lugares de recogimiento y una larga tradición de gracias y promesas.Wikipedia+1
  • Amantes del paisaje - que vienen por la montaña, el escenario teatral del santuario, la cascada y las vistas sobre el valle.
  • Fotógrafos y viajeros curiosos - que buscan lugares “diferentes a todo lo demás”, con un fuerte impacto visual y un alma propia.
  • Familias - que puede combinar la visita con pequeños paseos, un picnic en los alrededores y un recorrido por los pueblos y miradores cercanos.

No es un destino de entretenimiento rápido; es un lugar que requiere cierta disponibilidad mental. Incluso una visita de una hora puede ser extraordinaria si se vive con atención.

Cuidar un lugar que no es sólo “nuestro”

Invitamos a todo aquel que visite Peneda a recordar una cosa muy sencilla: el santuario es, ante todo y sobre todo, un lugar de culto y de vida local, y sólo entonces un punto de interés turístico.

Esto implica algunos gestos obvios pero esenciales:

  • respetar las celebraciones y los momentos de oración;
  • evitar el ruido excesivo en la iglesia y la plaza;
  • conduzca con cuidado por las zonas residenciales del pueblo;
  • no dejes basura, sobre todo alrededor de la cascada y los senderos.

No es sólo una cuestión de buenos modales: es también una forma de garantizar que este lugar siga siendo fiel a sí mismo, sin convertirse en una escena sin sentido.

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